Residentes y visitantes
Las principales universidades de nuestro país han apostado a la tradición del artista residente, pues es algo que las enaltece. Así, en la Universidad de Puerto Rico, en sus recintos de Mayagüez, Cayey y Río Piedras, figuran respectivamente nombres como el de José Alicea, Antonio Martorell y Nelson Sambolín; en la Universidad del Sagrado Corazón el de Myrna Báez; y en la Universidad Interamericana, el de Noemí Ruiz. En nuestro caso, la invitación que hace 48 años buscó que artistas del patio hicieran del campus de Gurabo su espacio de trabajo –antes, incluso, de contar con un lugar en el que primero custodiar un valioso patrimonio arqueológico y de arte popular-- significa el verdadero germen del museo de la Universidad Ana G. Méndez.
Desde sus inicios, la zapata de lo que posteriormente también sería un centro de estudios humanísticos, se definió por exponentes de la región y por distintas vertientes de creación. Bajo el impulso de importantes gestores como don Ricardo Alegría y el doctor Juan González Lamela, a partir de la década del 1970 el pintor cagüeño Héctor Escalante, seguido durante los ’80 por un programa precursor que contaba en su escuadra con el artista Carmelo Sobrino, el compositor Amaury Veray, el cineasta Luis Molina y la escritora Vanessa Droz, cimentaron uno de los capítulos más trascendentales y gloriosos de esta institución. El gran maestro del grabado, José Alicea, fue parte asimismo de aquel proyecto que proponía el taller como un aula y que el llamado padre de la cultura puertorriqueña nos legó.
Albergado, al igual que el museo originalmente, en una de las casas de madera de lo que antes fuera una central azucarera, aumentaron su lustre durante los años '90 los grandes líderes de la abstracción, Julio Rosado del Valle y Julio Suárez. Pero fue en el nuevo milenio, culminada su primera década, cuando gracias al entonces Rector, Denis Alicea, se formalizó oficialmente el puesto y Programa de Artista Residente, siendo el pintor de Gurabo, Pablo Marcano, su primer incumbente. Fiel a su ánimo original de valoración de los hijos e hijas de la nación, así como a aquel que apoyaba la diversidad y la experimentación, no sólo cuatro artistas del Valle del Turabo se sumaron a éste
consecutivamente, sino que un artesano, un músico y una escultora sonora comprenden también su historia reciente. No obstante, aquella apertura de espacio y de mente, queda aún más potenciada al presente por las ediciones que miran a Latinoamérica y a la diáspora puertorriqueña para abrir paso al Visitante como parte de este longevo Programa de Artista Residente.
En este campus, hace más de 50 años, doña Ana G. Méndez soñó la construcción de su primera gran universidad. Que aquí vislumbrara igualmente el primer museo que se integraba a su gran proyecto de la mano de un programa que fomentara el desarrollo de los artistas, no es casualidad; es parte lógica de querer formar --como toda gran Universidad-- al ser humano integral.


